Enviat per: oriolvidal | 03/09/2007

Criatures celestials (I)

Angelina: mi mejor obra

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Reconozco que mi trabajo es entretenido, pero hay veces que se me hace eterno: gajes del oficio. Aun así, la verdad es que no me puedo quejar. Llevo ocho añitos en el negocio y mi currículum ya lo quisieran para sí no pocos de los pretendidos cracks del asunto, redentores de brocha gorda que sólo redimen en la superificie y tan apenas dejan poso en el núcleo del alma. Nada que ver conmigo, desde luego. Obsérvese mi expediente AJ-108, que adjunto en el disco: toda una proeza, un excelso giro a la perfección. Le hablo, por supuesto, de Angelina, mi mejor obra.

Todavía era yo becario cuando Gabriel me convocó con máxima urgencia a su despacho. Tenía un trabajillo de verano para mí, para ir puliéndome en nuestro artesanado.

-Quería darte alguna cosilla como primera experiencia laboral, pero la Providencia ha sido generosa contigo, Uriel. Normalmente uno empieza con personajes anónimos; por lo general, casos sencillos y de fácil acceso para los advenedizos. Sin embargo, tengo a Rafael de vacaciones y, ahora mismo, en plena época de hedonismos y superficialidades, nuestro momento de máxima demanda, sólo me quedas tú disponible.

Una actriz joven que había entrado como un huracán y ya era una estrella de dominical tras los primeros pinitos en Hollywood. Lo típico: pertenecía a la fauna habitual que revoloteaba por las páginas de los manuales académicos. Sumé factores de riesgo con rapidez. Era, sin duda, voluptuosa, con aparencia de recauchutada, aunque en Documentación me aseguraron que no, que la cosa era genética y que la moza había salido bastante a su padre, hombre de facciones rotundas y volúmenes generosos. Pues bueno, mi primera operación no podía ser más asequible: dar el espaldarazo definitivo a la chica, cuya carrera se estaba empezando a desviar con elecciones no ya discutibles, sino peripatéticas.

-Srta. Jolie, coincidir con usted ha sido todo un regalo del Cielo, se lo aseguro. Este bendito vuelo de Sydney a Los Ángeles me ha permitido conocerla, charlar y pasar un buen rato. Pero espero que disculpe usted mi atrevimiento y acepte lo que le voy a decir: la mejor intervención que podrá hacer usted en su vida es reorientar su trayectoria. Lo siento, debo decírselo: nunca más trabaje con Nicolas Cage. No habrá otro Leaving Las Vegas, excepto el suyo si tienta la suerte. Por favor, nunca más participe en bodrios como 60 segundos.

Angelina, mucho más dulce de lo que parece, quedó absorta ante mi sinceridad y aceptó entre increíbles sonrisas mi consejo. Me dijo que podía escribirle para próximas recomendaciones, que la había hecho sentirse feliz justo cuando su vida no pasaba por el mejor momento. Normal: por aquel entonces, su turbulenta relación con Billy Bob Thornton, segundas nupcias a la deriva, ya era carne de los tabloides. Y por si fuera poco, Angie no daba pie con bola cuando se enfrentaba a las entrevistas. Un día confesaba su bisexualidad y otro se arrancaba con que le iba el sadomasoquismo, con lo que a miles de familias puritanas de América les entraron unas ganas locas de abofetearla. Jolie no salía de su laberinto.

A mi cuarta misiva en apenas dos meses, Angie y yo ya éramos amigos. Acostumbrada al rudimentario uso que de ella hacía Billy Bob, mi voz comprensiva hizo que aquella criatura encontrara un remanso de paz dentro de la vorágine. Y así llegó la primera cita, y luego la segunda, y después la tercera. Por aquel entonces, ella ya había dado el sí a la saga Tomb Raider, convencida por mi discurso machacón sobre la conveniencia de rehabilitarse para el público masivo sin caer en las garras del softcore. De acuerdo, encarnar a Lara Croft, sueño de informáticos solitarios, tampoco era un gran avance hacia la salvación, pero suponía dar un paso.

Angie veía la luz y hasta convenció a Billy para adoptar a un niño camboyano, Maddox, que significa en la lengua jemer ‘Hijo del Señor’. Aquella credencial parecía otorgar el visto bueno definitivo a mi misión, pero en tierra árida poco duran las flores. Gabriel montó en cólera al saberlo:

-¿Otro divorcio? ¿Es este tu gran método, Uriel? ¡Y pensar que Pedro quería nominarte a Revelación 2001! ¡Verás cuando se entere, la que me arma! ¡Te va a tomar por el nuevo Lucifer, por un nuevo iluminado!

Sin embargo, y pese a contrariar los cánones, no había otra solución. Billy Bob era destructivo para mi nueva Angie, flamante embajadora para causas humanitarias de la ONU y célebre por viajar entre rodaje y rodaje a los países más necesitados del Tercer Mundo. Como amigo del alma que ya era, le acompañé en su visita a varios campos de refugiados y en uno de ellos, en Etiopía, adoptó a Zahara, una niña preciosa. Y entonces, sucedió. Con la niña en sus brazos, ya de noche y sin más luz que las estrellas, una hoguera y esos ojos descomunales, se me confesó y lo nuestro estalló en mil pedazos:

-‘Zahara’ significa ‘flor’. La nueva vida que ha brotado en mí gracias a tu generosa ayuda, a tu sincero cariño y a tu incomparable comprensión. Te amo, Uri.

Ante la gravedad de la situación, me escapé por una selva de evasivas ingratas que la dejaron sumida entre sollozos, hasta el punto de despertar a medio campamento. Convencí a nuestros portadores para que me sacaran de allí de inmediato y me alejé de Angie sin poder reprimir las lágrimas, con el sabor del negro fracaso en mi boca y el dolor lancerante de todo historia imposible. Ella reaccionó semanas más tarde: primero con insistencia desesperada, luego con ira por mis desprecios. Casi acabó con mi vida seráfica cuando su venganza tomó forma: iba a rodar Pecado original con Banderas. Su redactado febril, enviado desde Europa, logró sumirme en el caos:

-Cada secuencia ardiente que ruedo con Antonio pienso que estoy contigo, hasta el punto que el director me manda parar, siempre asustado por Antonio, que chilla: “¡Melanie, Melanie! ¡Corten, por favor!”. No te pierdas las escenas eliminadas que saldrán en el dvd. No te olvido, Angie.

Su obsesión por mí parecía condenarme al ostracismo de los despachos, donde me esperaba la nada emocionante supervisión de la vida de adolescentes de Arkansas o Lavapiés. Cada carta o mail de Angie me hundía más en la miseria.

-Te remito mis últimas fotos en Vanity Fair. Aunque quizá te gusten más las de de GQ, donde he encontrado mi otro yo aún más salvaje.

Un poco cara de pantera en celo sí que ponía, sí… pero aquel martirio debía acabar. Más allá de aquel asunto contra natura, el tormento ya era directamente proporcional a mi decadencia profesional. Hasta que dije basta: emborraché en Las Vegas a dos grandes productores de las majors y llegó el improbable milagro. Sr. y Sra. Smith se hizo celuloide, Angie conoció a Brad y juntos empezaron una nueva y ejemplar vida de generosa beneficiencia y amor familiar, ampliado a su hija biológica Shiloh, nacida en Namibia, y al maravilloso Pax Thien, hallado en el Vietnam, y cuyo nombre significaba ‘Cielo pacífico’. Una poética forma de firmar las paces consigo misma tras vencer a sus demonios, entre los que, supongo, aún me debe incluir.

Un horizonte armónico como el de tan bellos esposos parecía esperarme al regresar a casa y evitar mi condición de caído, pero un mensaje de Gabriel en el contestador casi me chamusca las alas:

-Bravo. Has hecho inmensamente feliz a esta adorable parejita. Pero ahora dime tú cómo salvamos a Jennifer, que sigue absolutamente perdida desde que Brad la rechazara. (Continuará)

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Responses

  1. He sabut per la Ruth que estàs per aquí.
    ben trobat
    Una abraçada

  2. Ja saps que on estigui ashley judd… que es tregui la jolie. juajuajua

  3. Oriol Vidal (un home com cal), no sabia que tenies bloc. Me l’apunto.

    La teva millor obra, molt divertida.

    Com va la moral perica?

  4. Hola, Marc! Si acabo de començar, home! La moral sempre va bé, però això de regalar punts i partits que estaven guanyats emprenya una mica… Avui volia opinar al vostre blog sobre això de la meva empresa i els partits de futbol sala… però no he trobat l’entrada! Records a la Jos!


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